Presentación
Hemos considerado de particular interés publicar el último capítulo del libro de Milton Silverman "The Drugging of the America". En él se enfatiza sobre un hecho que, aunque conocido, constituye un problema de permanente análisis: la distinta información que suministran las grandes compañías farmacéuticas a los médicos estadounidenses en relación a la que brindan a los médicos de los países latinoamericanos. Estos últimos, reciben una información donde se hipertrofian las bondades de un medicamento y se retacea, cuando no se omite, todo lo relacionado con las reacciones adversas.
El autor señala críticamente el uso y abuso de la automedicación, tolerados aún en aquellos países donde por ley se prohíbe este tipo de práctica y sale al encuentro de los que, pregonando el principio "de la libre prescripción" esperan a que se suprima todo tipo de control, en particular la que realiza en Estados Unidos la Administración de Drogas y Medicamentos Un argumento que manejan las compañías farmacéuticas, tanto en Estados Unidos como en América Latina es que una información completa de los inconvenientes y reacciones adversas de los medicamentos resulta totalmente innecesaria, por cuanto los médicos conocen los riesgos, dada su formación universitaria, y no requieren de advertencias adicionales en el material que le suministran los laboratorios medicinales.
Sin embargo, existen suficientes evidencias respecto de que, en la mayoría de los casos, la única información que utilizan los médicos acerca de las características, eficacia y riesgos de determinado producto proviene de aquella que suministran los laboratorios.
Otro hecho que analiza el autor, y que no admite dudas, se refiere a las insuficiencias que caracterizan a la transmisión de los conocimientos farmacológicos durante la etapa académica de la formación médica.
Por otra parte, Silverman encuentra que es un argumento frecuente por parte de las compañías farmacéuticas, para retacear una adecuada información sobre el conjunto de reacciones adversas que puede desencadenar un determinado medicamento, que de lo contrario podría significar una considerable reducción de las ventas y, en consecuencia, una apreciable disminución de los beneficios económicos.
Silverman estudió los mecanismos mediante los cuales los gobiernos de Latinoamérica protegían a su población de la deliberada deformación de la información que suministran en sus respectivos países las empresas multinacionales del medicamento. Después de revisar la legislación pertinente llega a la triste conclusión que en algunos países no hay ningún tipo de reglamentación que exija un mínimo de exigencias a la introducción de drogas.
En otros, si bien existe autoridad competente para requerir una declaración completa de los riesgos, por distintas razones no se la efectiviza y, por último, en cierto número de países, se constata que la promoción que se hace de los medicamentos es una flagrante violación de las leyes que rigen en la materia.
El autor señala que es tal el poder de las corporaciones multinacionales que los débiles intentos de algunos gobiernos por exigir el cumplimiento de normas, similares a las que obligan en los Estados Unidos la Drug and Food Administration, han terminado en un rotundo fracaso.
Los elementos que aporta sobre los cuantiosos beneficios obtenidos en el exterior por las empresas multinacionales con sede en los Estados Unidos y los mecanismos de sobrevaluación o bien de subvaluación, según las conveniencias de la compañía farmacéutica, nos permiten entender por qué los precios de un mismo medicamento varían de un país a otro y el por qué de los diferentes sistemas promocionales utilizados en los distintos países.
En el capítulo en el que se analiza el uso inadecuado de los medicamentos, se considera por un lado el papel de la compañía farmacéutica que a través de una información, en muchas ocasiones no ética, distorsiona la información y por el otro la contribución que hacen el médico y el farmacéutico en la promoción de ciertas drogas de las cuales son víctimas, en última instancia, los pacientes.
Existe una responsabilidad social ineludible que obliga a los laboratorios a suministrar una información completa, exacta, fácilmente disponible a médicos y farmacéuticos y "aunque sólo sea por razones humanitarias, el mundo no puede perdonar el fraude o el encubrimiento de la verdad en la ciencia, especialmente cuando la salud está en peligro. No se puede tolerar la diseminación de informaciones deformadas, incompletas o inexactas, cuando el costo puede ser el daño inútil o la muerte".