Presentación
El artículo de Arnold S. Relman propone al lector profesional una profunda reflexión sobre las consecuencias que para la organización de la atención médica en los EEUU puede tener la existencia de lo que denomina "nuevo complejo médico-industrial": "una extensa y creciente red de corporaciones privadas comprometidas en el negocio de la oferta de atención médica".
Los datos sobre los que fundamenta su llamado de atención sobre el problema se refieren en primer lugar al aumento del control corporativo sobre los hospitales privados e incluso sobre aquellos con finalidades no lucrativas que las grandes empresas han comenzado a administrar a través de convenios. Dos grandes corporaciones dedicadas al negocio hospitalario: Humana y la Hospital Corporation of America declararon ganancias brutas superiores a los 1.000 millones de dólares para 1979.
Otra de las áreas en expansión para el negocio de la salud es la atención domiciliaria. Servicios de enfermería, terapia ocupacional, fisioterapia, asistencia respiratoria, monitoreo de marcapasos y otros, comprometen sumas cercanas a los 3.000 millones de dólares anuales. Aunque en su mayor parte están en manos de pequeñas firmas, las grandes empresas podrían facturar 1/6 de las ventas totales. Algo semejante sucede con los servicios de diagnósticos de laboratorio de todo tipo y con nuevas formas de organización de reciente aparición en el mercado, tales como una vigorosa industria especializada en servicios de emergencia hospitalaria.
El autor supone que el lucrativo mercado existente para este tipo de empresas no dejará de crecer mientras se sigan desarrollando los sistemas de cobertura de salud basados en el pago por terceros. Un ejemplo de los estímulos proporcionados a la empresa médica a través del financiamiento público y privado de las prestaciones, es la evolución de los tratamientos de hemodiálisis prolongada a partir de su inclusión en los programas de Seguridad Social. De todos modos, los negocios de las grandes corporaciones comprometidas en la atención médica suponían ya en 1979 cifras cercanas a los 40.000 millones de dólares, casi la cuarta parte de los gastos totales de atención médica en EEUU durante ese año.
El interrogante fundamental se refiere a si puede dejarse la atención médica librada al juego del mercado. Varios elementos influyen en el rechazo de esa opción: la consideración de la salud como un derecho básico de todos los ciudadanos, el carácter público de los fondos que se destinan a la investigación y desarrollo de innovaciones terapéuticas y nueva tecnología, y el creciente sector de población cubierto por programas del tipo de Medicare y Medicaid, también sostenidos por el Estado.
Se une a ello las especiales características que asume la oferta y demanda de servicios cuando éstos están financiados a través de planes de seguro, a la vez que la peculiar dependencia del paciente respecto de su médico basada en la "desigualdad en la información" entre uno y otro.
Considerando que proteger la equidad en el acceso a los recursos al mismo tiempo que su calidad es el mayor desafío que enfrentan los responsables de la organización de la atención médica, Relman afirma que la clave del problema está en manos del sector profesional. En su opinión los médicos están destinados a representar los intereses del paciente en el nuevo mercado, constituyendo por lo tanto un imperativo ético el no verse involucrados en asociaciones lucrativas con las empresas que actúan en el mercado de la salud.